¿Acaso
es un acertijo eso de la elección de pareja o simplemente
tenemos deficiencias para saber amar? Algo debe estar pasando para que
Reynaldo Reyes Retana, sicoterapeuta de parejas, tenga tanto
éxito en sus conferencias. “El arte de amar a la persona
equivocada”. De entrada, al entrevistarlo, hay una duda que esta
reportera manifiesta: “¿En el amor es lo mismo error que
equívoco?” Se nos queda mirando, toma su pipa, respira
hondo y dice: “No hay equívocos en el amor, sino en la
forma en que lo abordamos; en todo caso, el equívoco está
en la persona, y el error, en la acción
sistemática”.
Es evidente que sus
charlas tienen cierta influencia del pensador alemán Erich Fromm
y de su legendario libro, El arte de amar. Pero, en este caso,
Reynaldo les otorga a estas pláticas un sentido de obra
artística. La capacidad de amor no es otra cosa que la vida
misma, una gran obra artística donde plasmas un proyecto en
común, con la aceptación plena de quién es el
otro, de cuáles son sus aspiraciones y de quién eres
tú, aunado a lo que deseas ser. Sin embargo, explica el
terapeuta, en la realidad, en los hechos, en el camino de la conquista,
lo que hacemos es “amar por deficiencia y no por existencia. No
amamos lo que vemos como es, a los otros como son, sino como queremos
que sean; no nos comportamos como somos, sino que damos la mejor cara
ser adquiridos, para ser utilizados”
Cada
quien crea, comenta Reynaldo, su propia idea de obra de arte, basada la
mayoría de las veces en estereotipos y en necesidades
personales. El enamoramiento nos hace inmunes a cualquier argumento
racional, no existen miedos, sólo emociones y nos entregamos a
ellas; la fantasía, el corazón acelerado, los suspiros,
las cosas adquieren otro significado, la sexualidad, se alebresta; la
compañía se hace indispensable, la vida, para acabar
pronto, tiene otro color. Tenemos frente a nosotros un lienzo en
blanco, y lo llenamos de los tonos y colores que más nos gustan,
de los paisajes que mejor nos acomodan, de aquello que nos hace sentir
bien, lo incómodo, lo omitimos, lo olvidamos, lo descartamos y,
en algunos casos, ni lo vemos.
Entonces, todo es maravilloso, se
muestra el mejor vestido, el mejor traje, las mejores conductas,
el mejor lenguaje. El equivoco está en pensar que el que
está más cerca de ti es aquel a quien amas, y mas bien,
es lo único que tienes a la mano, el único que se te
acerca. Y ahí empiezan las elaboraciones fantasiosas: “se
parece a…”, “pudiera ser…”
En el amor, ella y él se formulan una serie de interrogantes que
muchas veces hacen a un lado, pues le dan prioridad a la
emoción, o bien, ven el aspecto utilitario y empiezan a
mentirse, tienen comportamientos que no son reales, lo que los lleva a
vivir en la “nada”, y el que brega de la nada, pues nada
produce, afirma Reyes Retana.
Sin embargo, ambos
siguen pensando que el otro es su mejor obra de arte, que están
ante lo óptimo, lo mejor. El hombre le dice a la mujer:
“Mi vida, nunca cambies, así te quiero”; y la mujer
al hombre: “A este yo lo cambio con mi amor, yo lo educo”.
Son dos grandes mentiras para que salga un lienzo a “modo”,
a la medida ideal. Es el utilitarismo psicológico, de acuerdo
con el terapeuta.
PRODUCTO DE LA NECESIDAD.
Reynaldo
comenta que mucho se ha dicho con respecto a que en toda
relación la mujer “ve el amor”, y el hombre,
“cuerpo”, no “no estoy de acuerdo, si fuese
así, los shows del Chippendale no serían un éxito,
no habría tanto mujer entusiasmada con el cuerpo masculino”
Aclarado
esto, Reyes Retana explica que, en todo caso, el enganche afectivo o
amoroso responde, más que nada, a un cúmulo de
preferencias auditivas, sensoriales o físicas. Un ejemplo: si un
hombre acaricia a una mujer y ésta nunca ha sido acariciada de
esa forma y descubre que le gusta, entonces estamos ante una persona a
la que están satisfaciendo una carencia que ignoraba tener. Si a
un hombre se le halaga verbalmente, y nadie le había reconocido
esas cualidades, pues éste descubre que se siente muy
cómo recibiendo elogios, entonces sus necesidades son auditivas.
O si el hombre se topa con una mujer de la talla
“perfecta”, pues el varón dice”Aquí me
quedo, ésta es la mujer de mi vida”. Por su parte, la
mujer admira a un hombre guapo, le gusta y no ve otra cosa que el
físico, en este caso ninguno de los dos está viendo al
otro de manera integral.
El miedo a la soledad o el miedo a la edad
también nos lleva a cometer equivocaciones sobre todo una
mujer que está “presionada biológicamente” y
que al toparse con un hombre que por lo menos le brinde la posibilidad
de realizarse en la maternidad terminará por aceptarlo aunque no
sea la persona indicada para ella.
“DÓNDE ESTUVO EL ERROR”
Reyes
Retana afirma que el amor es “ver hacia un mismo lugar”. El
amor, cuando no es enamoramiento, cuando no es inmaduro e infantil es
cuando se empieza a convertir en un proyecto de vida juntos (cuantos
hijos quieres, quién eres, quién soy, qué podemos
lograr juntos). Entonces sí, esa obra de arte se va concretando
en su máxima expresión.
“Es que yo creí
que era de otra manera, ya es otro” A la hora de conocer a
alguien, casi siempre nos quedamos nada más con lo que nos
gusta, lo que nos atrae y lo que nos desagrada lo desechamos o no le
damos importancia. Con el tiempo y la convivencia, esos errores o
deficiencias de la pareja se van sumando y te llevan al equivoco, y un
día despiertas y te dices “No era él, o “no
era ella”. ¿Y ahora qué hago?, expone Reyes Retana,
y advierte. “Te das cuenta de lo que has estado equivocada, pero
ése no sería el problema, sino qué hacer para
resolverlo”. ¿Qué estamos dispuestos a cambiar en
cuanto nuestra actitud?
Cuando ocurre esto, muchas parejas lo viven
como el agotamiento de la relación, como un ciclo que se cierra,
como algo irresoluble. Y así tenemos las expresiones más
comunes: “Me tiene harta”, “Ya no lo aguanto”,
“Esta mujer está loca, que se quede sola”. El
terapeuta afirma que estas situaciones sirven principalmente para abrir
nuevos horizontes, para ampliar el conocimiento del otro, para
compenetrarse con él, hacer una pausa, reflexionar y avanzar.
Reynaldo
explica que las parejas van advirtiendo la presencia de focos rojos en
su convivencia y las postergan, son importantes pero no las abordan, no
desean o no quieren ocuparse de ellas, les ganan otras cosas que se
consideran prioritarias, aunque se estén acumulando rencores,
odios y coraje. “Cuando llegan conmigo”, comenta, “ya
vienen en calidad de urgente, hasta el cuello”
EL ARTE DE HACERLO FUNCIONAR.
La
terapia profesional es casi siempre el único camino cuando se ha
llegado a una verdadera crisis de pareja, en la que ninguno de los dos
quiere reconocer el cúmulo de errores que ha cometido en el
afán de defender su propio lienzo, de no ver, escuchar y
comprender al otro tal y como es.
“Estas
equivocaciones-observa Reyes Retana- hacen que cada día aumente
el número de terapeutas de pareja, somos conciliadores, como el
“Ministerio Público de las Parejas”. Aquí a
mi consultorio nadie llega diciéndome: "¡Uy, me siento muy
bien con mi pareja, me está yendo muy bien!". El inicio para
componer una relación deteriorada es que tanto el hombre como la
mujer se reconozcan como personas, como individualidades, que cada uno
asuma sus responsabilidades y que restablezcan una comunicación
honesta, franca y respetuosa.
Para este
terapeuta, lo que estamos viviendo es un aceleramiento en nuestra forma
de vida. “Todo se hace rapidín”, el sexo, la
caricia, el escuchar”. Pero donde pone el mayor énfasis es
en la paridad de valores universales: el respeto, la responsabilidad,
la autoestima, la lealtad. “Si falta cualquiera de estos valores,
no hay amor, para acabar pronto”, dice.
Quien tiene claridad sobre estos elementos y los ejercita,
tendrá bienestar en sus vínculos amoroso. Por otro lado,
advierte que la velocidad con la que vivimos no nos permite ponerle
freno a nuestras costumbres. Podrá parecer muy intrascendente,
pero hasta el descuido de la higiene bucal o corporal tiene
repercusiones en un apareja. ¿A quién se le puede antojar
una persona que huele feo? Ah, pero cuando eran novios, ambos estaban
siempre bien acicaladitos y limpiecitos.
El arte
de hacer funcionar radica en detenerse un momento y reflexionar sobre
quiénes son ambos, sobre qué emociones tienen y
qué es lo que desean. Cuando llegan a terapia, explica, llegan
con mucho odio y furia, emociones nadas de los focos rojos que
escondieron o no quisieron ver, “nuestro trabajo es
quitárselas a ambos”.
Mover sus relojes, ajustar sus ritmos y los engranes para que puedan
volver a funcionar. Si no embonas llevas una relación
ríspida, dañada, y en cualquier momento uno de los ejes
van a tener que romperse. ¿Huyes o te quedas? Hay que
restablecer los valores, los vínculos, la comunicación,
pintar con claridad lo que queremos. No una familia o pareja perfecta,
pero si una relación equilibrada. La honestidad es clave: en
cualquier momento de la relación, sin importar los años
que lleven juntos, es de vital importancia decirle al otro quién
eres y lo que quieres. Se trata de estar de acuerdo en compartir lo que
cada uno va a hacer.
Volviendo a aquel lienzo en
blanco, la metáfora preferida de Reynado, todo es
cuestión de ubicar la realidad, asumirla y tomar el pincel
correcto y, a esos colores turbios, irles dando más claridad, lo
que en pocas palabras es: “Reestructurar una nueva forma de
comunicación”
¿SEXO DÉBIL?
Reyes
Retana ha visto pasar de todo por su consulta, con sus
“clientes” como él los llama, pero se detiene en
algo que ha captado su atención en los últimos meses
sobre el comportamiento femenino. Le sorprendió el testimonio de
cinco mujeres, que por distintas circunstancias, están decididas
a dejar a su pareja y desentenderse de la vida familiar, incluso de sus
hijos. “Realmente estoy sorprendido, son situaciones en las que
ellas no vienen a buscar un arreglo matrimonial, vienen a que el
tránsito de la separación no sea tan doloroso para el
resto de la familia, que acepten la voluntad y el deseo de ellas de
abandonarlos y que, además, su pareja se quede con los hijos y
ellas hacer su vida de manera independiente”. Explica que a lo
largo del tiempo que lleva dando psicoterapia hay algo que ha notado
sistemáticamente, y es que mientras la mujer puede llegar muy
frágil y vulnerable a la terapia, termina siendo la más
fuerte, la que se tranquiliza y asume las consecuencias con valor; en
cambio, el hombre llega como si no pasara nada, como si el problema
fuera de otro, muy firme y decidido, pero conforme va dándose la
plática, los encuentros, la reflexión, salen derrumbados,
hechos pedazos, descontrolados.
También
advierte que no todos los matrimonios o parejas tienen posibilidades de
reconciliarse, y el factor central que casi siempre está
atravesado y que de manera contundente hace imposible un arreglo en la
relación, es “otro amor”. Así de clarito.
“Si él o ella están entusiasmados con otro amor,
con otra persona, no hay nada que hacer, nada evita la ruptura. No hay
nada que hacer, está fracturado un vínculo amoroso de
manera fatal”.